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HARVARD UNIVERSITY 




LIBRARY 



MUSETTM OF COMPARATIVE ZOOLOGY 







JUN 4 - 1928 

MEMORIAS DEL INSTITUTO ESPAÑOL DE OCEANOGRAFÍA 
<s> PUBLICADAS BAJO LA DIRECCIÓN DEL Pr. ODÓN DE BUEN <» 



TOMO III. -MEMORIA l.« 



INVESTIGACIONES 



sobre el 



tejido cartilaginoso de los selacios 



por 



Manuel Sánchez y Sánchez 




MADRID 

1 920 



JUN 4 - 1928 



MEMORIAS DEL INSTITUTO ESPAÑOL DE OCEANOGRAFÍA 
& PUBLICADAS BAJO LA DIRECCIÓN DEL Pr. ODÓN DE BUEN <» 



TOMO III.-MKMORIA 1.» 



INVESTIGACIONES 



sobre el 



tejido cartilaginoso de los selacios 



por 



Manuel Sánchez y Sánchez 



MADRID 

1 920 



SUMARIO 

I. Introducción. 
II. Material y técnica. 

III. Observaciones personales: 

a) Estudio de los condroblastos; 

b) Estudio de la sustancia fundamental; 

c) Fisiología del cartílago. 

IV. Bibliografía. 



Introducción 



Reúno en el presente trabajo cuantas observaciones he podido llevar a cabo sobre 
la textura del tejido cartilaginoso de los selacios, las cuales han recaído, bien en la sus- 
tancia fundamental, bien en los condroblastos que en la misma se alojan. 

En la sustancia fundamental (el exoplasma, según la teoría plasmodial de Hansen) 
describimos, con todo género de detalles, la disposición de las fibras conjuntivas que. 
cual tupido velo, encubren a los condroblastos, focos de actividad y de vida. 

Los condroblastos (el endoplasma de Hansen) son objeto de un detenido estudio 
con el fin de llenar el vacío que se nota en este capítulo de la Histología comparada. 
En ellos hemos observado y analizado detenidamente el condrioma, el aparato de Gol- 
gi, cierto esqueleto filamentoso interno y las conexiones de unos condroblastos con 
otros, cuestión esta última del mayor interés, toda vez que, fundado en ella, se han lan- 
zado hipótesis acogidas por algunos histólogos de renombre (me refiero, sobre todo, a 
la teoría syncycial de Hansen, que data del año 1899). 

He recogido también buen acopio de detalles tocante a la histogénesis y nutrición 
del cartílago, con el propósito de formar una monografía lo más completa sobre la fina 
textura del tejido cartilaginoso de los selacios. 

Inútil me parece advertir que para hacer mis estudios me he servido únicamente 
de los métodos creados por la Escuela Histológica Española, no sólo por patriotismo, 
sino también por entender que son, selectivamente considerados, muy superiores a to- 
dos los demás. 

No quiero terminar estas líneas sin hacer constar mi profundo agradecimiento a 
todas aquellas personas que han contribuido a facilitar mi labor, entre las cuales es de 
justicia consignar, en primer lugar, al Director del Instituto Español de Oceanografía, 
D. Odón de Buen, que me proporcionó cuantiosos medios materiales, así como mi es- 
tancia, durante el verano pasado, en el Laboratorio de Vigo, en donde llevé a cabo es- 
tos estudios. 



Material y Técnica 



Siguiendo la costumbre de la mayoría de los investigadores que se dedican a tra- 
bajos biológicos, daremos indicaciones con la mayor precisión acerca de los métodos 
usados en nuestras investigaciones, así como también señalaremos las especies de sela- 
cios que hemos utilizado en nuestros estudios. 

Aparte de los métodos ordinarios (hematoxilinas), que son imprescindibles para 
orientarse en la topografía de las regiones estudiadas, hemos usado los procedimientos 
dados a conocer recientemente por diversos histólogos españoles, habiendo empleado 
muy especialmente tres de entre ellos, a saber: el método tano-argéntico de Achúcarro 
(primera variante); el proceder de Cajal al urano-formol, y el reciente método de Río- 
Hortega al carbonato de plata amoniacal, propuesto por su autor para el estudio de la 
neuroglia y del tejido conjuntivo. 

Queremos hacer resaltar, antes de pasar adelante, la importancia extraordinaria 
que tiene el formol como fijador de los finos detalles del protoplasma, y hacemos esto 
porque la fijación debe considerarse como la piedra angular, el fundamento de todo es- 
tudio serio citológico. El formol solo, o asociado a otras sustancias, permite sorpren- 
der toda suerte de granulaciones protoplásmicas en los condroblastos, así como tam- 
bién los esqueletos filamentosos internos y el aparato reticular de Golgi; pero lo verda- 
deramente extraordinario es que, gracias a él, se sorprenden los estadios fisiológicos o 
funcionales de pluralidad de organitos protoplásmicos. Desde este punto de vista, el 
formol es insustituible, pudiéndose afirmar, como lo hace Nils Sjobring (I), que es para 
el cuerpo celular lo que el líquido de Flemming para el núcleo. 

Hemos empleado en nuestras investigaciones, siguiendo el criterio de la mayoría 
de los zoólogos que se dedican al conocimiento de la textura de los animales, especies 
sumamente vulgares, tales como, por ejemplo, la centrina, el pez perro (Scyllium caní- 
cula) y la raya vulgar (Raya clavata), y seguimos esta norma con el único propósito 
de que los detalles que descubrimos tengan fácil comprobación. Excusado es decir que 
todos los ejemplares han sido capturados por el personal de las campañas organizadas 
por el Instituto Español de Oceanografía. 

El tamaño de las piezas destinadas a la fijación debe variar según el método de 
impregnación a que ulteriormente han de someterse; para ejecutar preparaciones con 
el método de Cajal, convendrá que las piezas sean de dos o tres milímetros de espesor; 
empleando los otros métodos podrá abusarse de dichas dimensiones, toda vez que el 



(1) Ueber Formol ais Fixierungsflussigkeit.--Anat. Anz. Bd .XVII. 



8 MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



cartílago es sumamente permeable, sin duda alguna debido al desarrollo extraordinario 
de las vías plasmáticas. Hemos utilizado embriones (raya), animales recién nacidos 
(Centrina), o individuos adultos (Pristiurus), habiendo utilizado lo mismo el cartílago 
cefálico que el vertebral. 

Una vez dichos estos antecedentes, reseñaremos las diversas manipulaciones de 
los métodos técnicos empleados, indicando al propio tiempo la especie de estructuras 
que cada uno de ellos nos revela con más facilidad. 



Primera vanante del método de Achúcarro 

Con esta modificación del método de Achúcarro, realizada por Del Río-Hortega (1) 
se ponen en evidencia los siguientes detalles estructurales del cartílago: morfología de 
los condroblastos con sus tenues prolongaciones; esqueleto ftbrillar interno; condrio- 
- ma, centrosoma; canales permeables y fibrillas de la sustancia fundamental. 

Nosotros hemos empleado de preferencia material fijado en formol, el cual es 
preferible para estudiar la forma y conexiones de los condroblastos, siendo además 
muy ventajoso para impregnar las fibrillas conjuntivas de la sustancia fundamental. 
Sabido es de todos los que manejan este método corrientemente, que es necesario 
prolongar la acción del fijador durante mucho tiempo (por lo menos tres días), a fin de 
lograr los mejores resultados. Por nuestra parte, indicaremos que en unos ejemplares 
de Centrina capturados hace un año hemos logrado resultados sorprendentes por lo 
que atañe a los diversos detalles citológicos e histogénicos puestos en evidencia. 

A ser posible, deben seccionarse las piezas histológicas con el microtomo de con- 
gelación, sobre todo si se tiene en cuenta que la inclusión en celoidina aminora los efec- 
tos de la plata amoniacal, determinando cierto estado granuloso en los protoplasmas. 
La inclusión en parafina es muy perjudicial y jamás debe emplearse. 

Las manipulaciones del método se ejecutan del modo siguiente (Río-Hortega): 

\.° Fijación, durante, diez días como mínimum, en formol al 10 por 100. 

2.° Los cortes (obtenidos por congelación) se tratan por solución acuosa de tani- 
no al 3 por 100, sometiéndolos auna temperatura de 50 a 55 grados por unos minutos. 

3.° Se lavan en veinte centímetros cúbicos de agua destilada con cuatro gotas 
de amoníaco, hasta que recobren la flexibilidad y transparencias perdidas. 

4.° Se pasan sucesivamente por tres pocilios conteniendo cada uno diez centíme- 
tros cúbicos de agua destilada y un centímetro cúbico de la solución de nitrato de plata 
amoniacal, hasta que tomen un color amarillo tostado. 



(T) Río-Hortega. — «Varias modificaciones al método de Achúcarro».— fío/e/;Vi c^e la Sociedad Española de Biología, 
19T6. 



INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 9 

5." Se lavan en agua destilada. 

6.° Se sumergen en solución de cloruro de oro al uno por quinientos, mante- 
niéndoles durante veinte a treinta minutos en la estufa a 40 o 45°. 

7 .° Con o sin lavado previo se fijan en hiposulfito de sosa al cinco por ciento. 

8.° Se lavan en agua abundante. 

Esta variante presenta, como hace notar Río-Hortega, aparte de lo rápido de su 
ejecución, su carácter de coloración metacromática «progresiva» siempre más ventajo- 
sa que la que exige una diferenciación. 



Método de Cajal al urano-formol 

Este valioso recurso de la técnica, que tantos descubrimientos ha proporcionado 
en manos de Cajal, de sus discípulos (Tello, Río-Hortega, Castro, Fañanás, nosotros) 
y de diversos sabios extranjeros, suministra irreprochables preparaciones en el cartílago 
de los selacios, poniendo de relieve, con gran claridad, pluralidad de detalles: aparato 
de Golgi, canales permeables, cápsulas, etc. 

Recientemente este método, ha sido modificado por Da Fano; este autor, en vez 
de emplear el nitrato de urano, asociado al formol, como fijador, usa el nitrato de co- 
balto, en idénticas proporciones, obteniéndose, según dicho histólogo, más constantes 
resultados que con el fijador uránico (I). 

Nosotros le aplicamos como le aprendimos de su autor, reforzando únicamente el 
fijador en algunas ocasiones. Es muy conveniente, como ha indicado Cajal, para e] 
buen éxito del método, que las piezas sean de muy pequeño tamaño (tres milímetros). 

La marcha de las operaciones es del siguiente modo: 

I.** Piezas del cartílago cefálico de tres milímetros o menos de espesor se someten 
a la acción del siguiente fijador: 

Nitrato de urano .... 2 gramos. 

Formol 15 — 

Agua 100 — 

En este baño conviene tener las piezas de doce a veinticuatro horas, según los de- 
talles que se traten de poner en evidencia. El formol debe emplearse, según recomien- 
da Cajal, exento de ácido libre; para ello, al formaldehido al cuarenta por ciento se 
añade gran cantidad de creta pulverizada. 

2° Lavado. Debe ser rapidísimo — unos segundos — ; es una operación de gran 
cuidado, pues de ella depende, en gran parte, el éxito del método. 



(1) Hemos empleado dicha variante, pero los resultados obtenidos no superan al método ordinario. 



10 MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



3.° Nitratación. Se prepara una solución de nitrato de plata al uno y medio por 
ciento; y en ella se depositan las piezas, en donde permanecerán por espacio de vein- 
ticuatro a cuarenta y ocho horas. Esta operación se realiza a la temperatura am- 
biente. 

4.*' Lavado. Transcurrido dicho tiempo se lavan por dos veces y rápidamente, 
las piezas histológicas en agua destilada. Este lavado es muy importante para el buen 
éxito del método. 

5.° Reducción. Una vez realizada la operación anterior se sumergen los bloques 
en la siguiente fórmula: 

Hidroquinona. ... 2 gramos. 

Formo] 15 — 

Agua 100 — 

Sulfito de sosa ... 0,15 — 

De ordinario echamos el sulfito sin pesada, esparciendo una pequeña cantidad, has- 
ta que la solución tome color amarillo. En este reductor deben estar las piezas de ocho 
a diez horas, después de cuyo tiempo se deshidratan e incluyen en celoidina según la 
técnica ordinaria. 

Conviene hacer constar, que las reacciones con este método, suelen ser múltiples, 
apareciendo a veces, en una misma preparación, gran número de detalles estructurales; 
en todo caso será conveniente, según hemos aconsejado en otras ocasiones, trabajar 
con gran constancia hasta lograr preparaciones que muestren un solo detalle con ex- 
clusión de todos los demás; cosa que se consigue cuando se domina el método. 



Método del carbonato de plata amoniacal de Río-Hortega 

Es un excelente recurso para la demostración de las prolongaciones de los condro- 
blastos, según vio su propio autor en el cartílago de los cefalópodos; muestra, además, 
con gran claridad, los conductos permeables, fibrillas conjuntivas, etc. 

Las diversas manipulaciones del método, son descritas por el histólogo español, 
del modo siguiente: 

1.° Cortes obtenidos por congelación y cuidadosamente lavados, para eliminar de 
ellos todo vestigio de formol, sumérgense en la solución amoniacal de carbonato'ar- 
géntico (1), sometiéndolos a una temperatura de 45 a 50° hasta que adquieran un color 
amarillo pardo, lo que se consigue en tres a cinco minutos, a la vez que el líquido ar- 



(T) Para la preparación de este reactivo véase el trabajo de Río-Hortega: «Un nuevo método de investigación histoló_ 
gica e histopatológica». Boletín de la Sociedad Española de Biología, año VIII, 1918. 



INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 11 

géntico (que se descompone) adquiere un tono grisáceo o parduzco si las secciones 
fueron insuficientemente lavadas. 

(Efectúese el calentamiento a la lámpara de alcohol, poniendo el recipiente de cris- 
tal sobre un cartón de amianto, y procúrese que mientras se efectúa la coloración no 
estén inmóviles los cortes a fin de evitar que se tiñan desigualmente. Basta, para lo- 
grarlo, imprimir ligeros movimientos al vaso.) 

2.° Se lavan las secciones en agua destilada, procurando que por agitación del 
líquido con el gancho de cristal, desaparezcan las arrugas o dobleces que puedan pre- 
sentar. (No hay peligro de que el deficiente lavado origine precipitados; tras el lavado 
excesivo las coloraciones son más pálidas). 

3.° Se sumergen en solución de formalina al 20 por 100 (previamente desacidi- 
ficada con creta mantenida en suspensión durante algunos días). 

La reducción es completa al cabo de medio minuto. 

4° Se lavan en agua destilada abundante. 

La coloración está terminada; pero si se desea obtener preparaciones permanentes 
y de mejor belleza, a los tiempos fundamentales expuestos pueden añadirse otros, en- 
caminados a hacer más pálida la coloración del fondo, dando resalte a las estructuras 
selectivamente coloreadas y a impedir que por la acción de la luz se ennegrezcan los 
cortes. Ello se consigue mediante un ligero lavado en hiposulfito de sosa (que fija y 
vira) o, mejor, aún con cloruro de oro. 

5.° Se sumerge una parte de los cortes, en cloruro áurico al 1 por 500 calen- 
tando a unos 45°, prolongando su acción hasta que aquéllos adquieren tono violáceo. 

6.° Trasládanse a la solución de hiposulfito de sosa al 5 por 100 durante un mi- 
nuto; y 

7.° Se lavan en agua destilada. 

Los cortes adquieren en el baño de plata un color amarillento, más o menos oscu- 
ro, que se refuerza considerablemente en el formol, sin que, si aquellos no exceden de 
15 mieras, exista sobrecoloración. El virofijado en hiposulfito rebaja un poco el tono 
general y el oro da un tinte violeta, tanto más intenso cuanto más prolongada es su ac- 
ción, siendo de notar que en ningún caso se originan precipitados, sino que las seccio- 
nes quedan perfectamente limpias y transparentes. 



Exposición de nuestras observaciones 



Como hemos dejado dicho en otro lugar de nuestro trabajo, empleamos en nues- 
tras investigaciones, lo mismo el cartílago craneano o cefálico, que el vertebral; a su 
vez nos hemos servido de embriones, animales recién nacidos o adultos, todo lo cual 
hemos ejecutado con el fin de realizar el estudio morfológico del tejido adulto a la vez 
que el proceso histogenético que le origina. 

En lo fundamental, no varía la estructura del cartílago de los selacios de la de los 
otros vertebrados; sin embargo, existen ciertos detalles característicos del cartílago de 
los peces que estudiamos. Tal es, por ejemplo, la talla y morfología de los condroblas- 
tos, de cuyo asunto nos ocupamos a continuación. 



Morfología de las células cartilaginosas y conexiones de las mismas 

Teoría plasmodial de Hansen 

. Estudiando las preparaciones obtenidas según cortes transversales al esqueleto 
cartilagíneo craneano de un selacio (como la centrina en nuestro caso) al nivel de la 
cápsula óptica y obtenida la coloración de las mismas con un método vulgar, tal como 
por ejemplo, la hematoxilina de Heidenhein llama nuestra atención, ante todo, la exis- 
tencia de estratos diferentes de condroblastos, que alineados en filas, sensiblemente pa- 
ralelas, limitan zonas diferentes que se separan con facilidad. En la figura 1 hemos re- 
presentado este detalle de la topografía del cartílago cerebral; en ella aparecen los tres 
estratos siguientes: 1.°, zona de los pequeños condroblastos redondeados; 2.°, zona de 
los grandes condroblastos de la misma configuración; 3.°, zona de las células cartilagí- 
neas polimorfas. 

La talla de los condoblastos, varía también extraordinariamente en los selacios; así, 
al lado de los corpúsculos polimorfos de lá centrina, algunos de los cuales pasan de 
30 mieras, encuéntrense diminutas células (que miden 14 o 16 mieras) en la capa de los 
pequeños condroblastos. 

Nuestras observaciones, por lo que respecta a la citología de la célula cartilagino- 
sa, han sido llevadas a cabo principalmente en los colosales condroblastos de que aca- 
bamos de hacer mención, lo cual es una ventaja extraordinaria para discernir los finísi- 
mos detalles citológicos que vamos a estudiar. 



14 



MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



La forma de las células cartilaginosas en los selacios es muy variable. Encuén- 
transe células de tipos singulares que ofrecen gran interés para la histología compa- 
rada, como puede verse en las siguientes figuras, tomadas todas ellas de centrina (car- 
tílago craneano). 

En A (fig, 2, lám. I), representamos la simbiosis de dos condroblastos, prestos a 

separarse, y unidos solamente por ligero pe- 
dículo protoplásmico; el inferior, piriforme, 
está soldado al superior en sentido perpen- 
dicular, según la dirección del eje mayor de 
ambos, pudiéndose observar, además, la 
perfecta continuación de los granulos del 
protoplasma. En B, hemos dibujado una for- 
ma de condroblasto sumamente frecuente; 
ofrece su cuerpo protoplásmico, volumino- 
so, en el que se aloja el núcleo, y superior- 
mente prolongaciones, irradiando en senti- 
dos diferentes. En C, finalmente, hemos co- 
piado un condroblasto de tipo semilunar, 
A más de estas formas, hay otras dignas de 
especial mención y de las cuales hablare- 
mos con ocasión de la citología de las mis- 
mas, pues intencionadamente hemos elegi- 
do tipos muy variados al reseñar la disposi- 
ción del condrioma, esqueleto filamentoso, 
etc., con el fin de que el lector se dé cuenta 
cabal de la variedad enorme de condro- 
blastos que existen en la capa polimorfa del 
cartílago cerebral de los selacios. 

El cartílago de los selacios, en un esta- 
do primitivo, está constituido únicamente 
por células, que ulteriormente han de dar lugar a la sustancia fundamental. Dicho cartí- 
lago recuerda completamente la textura de la formación esquelética cartilagínea del Pe- 
tromizón, en el que los condroblastos conservan definitivamente este carácter primitivo; 
sus células, en los individuos adultos, están unidas directamente por intermedio de es- 
casa sustancia fundamental, cual si se tratase de un epitelio. En otra fase, más avan- 
zada del desarrollo, elaboran dichos condroblastos la materia fundamental, basófila, 
y aparecen incluidos en ella sin ninguna diferenciación: es un estado que se encuentra 
definitivamente, por ejemplo, en los cefalópodos, que según las investigaciones de mu- 
chos autores (entre los españoles, Cajal) sus células carecen de cápsulas. Por fin, en el 
límite de la evolución, disciérnense claramente las cápsulas, apareciendo entonces la 
textura de los condroblastos, según representamos en la figura 3 (lám. I). 




Fig. I. — Corte transversal del cartílago craneano de centrina 
al nivel de la capsula óptica. A, pequeños condroblastos redon- 
deados: B, capa de grandes condroblastos; C, zona de corpúscu- 
los polimorfos. (Coloración con hematoxilina de Heidenhein.) 



INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 15 

Del análisis cuidadoso de numerosas preparaciones obtenidas en embriones y ani- 
males recién nacidos, de rayas, pristiurus y centrinas sacamos la consecuencia de que 
las cápsulas no. establecen un límite absoluto entre la materia fundamental y el condro- 
blasto, sino más bien representan el primer grado de la metamorfosis de la sustan- 
cia fundamental; a medida que el condroblasto elabora nuevas cápsulas se van bo- 
rrando y homogeneizando las anteriores; diríase que pasa aquí, para servirnos de una 
expresión gráfica, lo que acontece en un estanque cuando se hace entrar en vibración 
el agua, que a medida que se producen nuevas hondas van desapareciendo las primiti- 
vamente constituidas. 

Ello, no obstante, en piezas muy bien fijadas hemos sorprendido arcos o zonas con- 
céntricamente colocadas, aunque muy pálidamente teñidas (hematoxilina de Heidenhein). 

Cuando se tiñen los cortes de cartílago por la hematoxilina y se tratan ulteriormen- 
te por el ácido acético, todo se decolora menos las cápsulas recientes, que retienen el 
color (observación de Cajal). ' 

Lo interesante para nosotros es saber que alrededor del condroblasto la sustancia 
fundamental difiere del resto, por su composición química, y afinidades para los reac- 
tivos, dando lugar a la formación capsular, la cual nosotros hemos impregnado con la 
primera variante del método de Achúcarro, que la hace destacar muy bien por las afini- 
dades que presenta frente a la plata amoniacal (fig. 3). 

En el cartílago de los selacios, como en el de los otros vertebrados, las células es- 
tán contenidas cada una de ellas en su respectiva cápsula: mas como estas céiulas pue- 
den segmentarse, dando lugar a células hijas, resulta que al cabo de dicho proceso, en 
lugar de una célula se encontrarán reunidas un grupo de ellas constituyendo una fami- 
lia de origen común, o sea un grupo isogénico, para servirnos de una feliz expresión 
de Renaut. 

En la figura 3, hemos representado uno de dichos grupos tomado de la centrina; 
desciérnese, en torno de los condroblastos, una espesa zona capsular BB, que apare- 
ce impregnada con el método de Achúcarro (primera variante). 

El análisis cuidadoso de la misma figura nos muestra el proceso, en virtud del cual 
se han originado dichas células cartilaginosas. 

La forma de los grupos isogénicos depende de la dirección de los planos de seg- 
mentación de la célula madre y de los mismos planos en las células hijas. Cuando las 
divisiones celulares se hacen en múltiples direcciones y los planos de segmentación se 
orientan en una dirección cualquiera, se obtiene un conjunto celular isodiamétrico. Si 
los planos de dirección se orientan de una manera paralela, entonces resulta una serie 
longitudinal de células. En el primer caso se obtendrá un grupo coronario; en el se- 
gundo un grupo axial. 

En nuestras preparaciones los condroblastos jamás se anastomosan entre sí por 
sus prolongaciones; éstas terminan a menudo en extremos afilados, los cuales se pue- 
den perseguir, en todo su trayecto, sin que jamás se suelden a otras, ni tampoco a las 
fibrillas conjuntivas que las rodean. 



16 MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



La teoría plasmodial de Hansen 

El análisis, cada vez más cuidadoso, del tejido cartilagíneo ha dado lugar a vivas 
discusiones entre los biólogos, y como consecuencia de ello, a diversas hipótesis, enca- 
minadas a explicarnos la textura íntima de dicho tejido, y de entre todas ellas hay una, 
que por haber ejercido gran influencia entre diversos histólogos, vamos a analizar dete- 
nidamente: nos referimos a la doctrina syncycial del cartílago, defendida por Hausen (1) 
con ocasión de sus estudios acerca del fibro-cartílago de los discos intervertebrales. 
Ello, no obstante, esta hipótesis no está de acuerdo con nuestras investigaciones. 

Según Hansen, que ha estudiado el desarrollo del tejido cartilaginoso interverte- 
bral, las partes centrales de los discos son puramente conjuntivas, formadas de una es- 
pecie de tejido mucoso, cuyas células están anastomosadas en una materia fundamen- 
tal, rica en mucina, y en las que se originan fibrillas conjuntivas, en el interior mismo 
del cuerpo celular y de sus prolongaciones. Ulteriormente, la parte periféiica del proto- 
plasma se diferencia en una zona muy refringente, casi homogénea, que se continúa 
hasta las prolongaciones, el ectoplasma. La porción residual conserva el aspecto gra- 
nuloso y la forma del elemento constituye el endoplasma o célula propiamente dichas 
en el sentido clásico de la palabra. 

Durante algún tiempo — según Hansen — tanto el endoplasma como el ectoplasma 
colaboran en la producción de fibrillas colágenas; pero al cabo de cierto tiempo el endo- 
plasma pierde dicha propiedad: desaparecen sus prolongaciones, las unas se disocian 
en granos, las otras se transforman in toto en ectoplasma. Finalmente el endoplasma 
se rodea de una cápsula cartilaginosa, diferenciada a espensas de la capa de ectoplas- 
ma, la más interna y reciente. Todo el resto del ectoplasma se transforma en fibrillas 
colágenas, que a poco a poco se destacan de la célula; puede ocurrir también que el 
endoplasma desaparezca totalmente transformándose en fibrillas y sustancia amorfa. 
Según estas ideas de Hansen, el cartílago hialino, no sería sino una especie de syncy- 
tium con ectoplasma común. 

Studnicka, que ha defendido con mucho ardor la concepción plasmodial del cartí- 
lago., considera a la sustancia fundamental del mismo constituida por exoplasmas fusio- 
nados en una sola masa. Lo que corrientemente, y de acuerdo con la concepción clá- 
sica del cartílago, nosotros llamamos células en el adulto, no es otra cosa, sino la pe- 
queña masa de plotoplasma nucleado, granuloso, que tiene el valor de un endoplasma. 
La célula total, Gesammtzelle, comprende un territorio de exoplasma, sobre el cual 
ejerce marcada influencia, y del cual es gradualmente separado, perdiendo sus límites y 
su individualidad. 

Una vez dichos estos antecedentes, sobre la morfología y conexiones de los con- 



(1) Hansen.— «Ueber die Genese Bundegewebsgrundsubstanz». Anat. Anz. Bd. XVI, 1899. 



Lámina I 







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INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 17 

droblastos de los selacios, vamos a ocuparnos del estudio detallado de diversas forma- 
ciones protoplásmicas (condrioma, esqueleto filamentoso, etc.) empezando por la dis- 
posición de las mitocondrias de la célula cartilaginosa. 



A) El condrioma de los condrobiastos 

Son tan diversas las granulaciones descritas como mitocondrias, y tan variados los 
animales en donde se han estudiado, que se impone una revisión y crítica de dichos tra- 
bajos a fin de separar lo que es condrioma, de toda otra suerte de granulos protoplás- 
micos. 

Entre la multitud de granos, filamentos y cuerpos compactos, visibles algunos en 
fresco, y coloreados otros con los reactivos más variados descritos como condrioma, 
reina hoy una confusión, debido principalmente a que no dispone la técnica de un mé- 
todo lo suficientemente selectivo que coloree la mitocondria con exclusión de toda otra 
formación. 

Como caracteres generales pueden señalarse; su disolución en el ácido acético; su 
refringencia extraordinaria y su apetencia por los colores básicos de anilina y por el ni- 
trato de plata amoniacal (método de Achúcarro). En estos últimos años también han 
sido estudiadas, por algunos histólogos, mediante coloraciones vitales lo cual ha permi- 
tido apreciar los estados funcionales. A este género de investigaciones pertenecen las 
llevadas a cabo por Arnold, Nemiloff y Michaelis; los dos primeros emplean el azul de 
metileno, como colorante específico, mientras que el último se ha servido del verde de 
J ANus (sdfraninazodimethylaniline) . 

Del Río-Hortega, que ha estudiado la textura del tejido cartilaginoso de los cefaló- 
podos, resume del modo siguiente los trabajos más importantes publicados sobre el 
tema, haciendo una crítica de los mismos, que nos parece oportuno transcribir. 

«Arnold logró teñir con el rojo neutro y azul de metileno, granulos de diverso gro- 
sor, algunos claviformes, repartidos difusamente en la célula. Al estudiar este sabio, en 
otro trabajo, la relación que existe entre los granulos y los filamentos, supone que aqué- 
llos están formados de un grano central (endosoma) y de una envoltura periférica (pa- 
rasoma) y que muchos granulos senados están, aparentemente, reunidos en esa envol- 
tura. En nuestras pesquisas — dice Río-Hortega — nos ha sido imposible confirmares- 
tos detalles. 

Renaut estudió los granos y vesículas de segregación existentes en las células carti- 
laginosas, y fué el primero en observar en la célula viva de los mamíferos (embrión de 
cordero) mitocondrias y condriocontos largos y flexuosos, situados en el plotoplasma 
perinuclear o en los tabiques que separan a las vacuolas. Formaciones casi idénticas a 
éstas han sido vistas por Flemming y Saussonow, en las larvas de salamandra; por Dues- 



18 



MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



berg y Meves, en el embrión de pollo; por Dubreuil, en el feto humano, y por Daineka, 
en el embrión de cerdo. 

ToRRACA observó la regeneración del cartílago de la cola del tritón notando que 
durante la mitosis predominan las mitocondrias sobre los condriocontos (lo contrario 
que en el reposo celular), y Pensa, que ha estudiado también el comportamiento, del 
condrioma durante la mitosis, dice que en ninguna fase de ésta existe condensación de 
aquél. 

Brodersen, finalmente, ha teñido con el azul de toluidina, en el cartílago fresco, 
granulaciones y anillos emplazados en la vecindad del núcleo, cuya naturaleza condrio- 
sómica no ofrece duda alguna. Dichos anillos son idénticos a los vistos por Heiden- 
HEiN (1900) en los condroblastos de las larvas de salamandra y a los que nosotros he- 
mos observado en las células conjuntivas del embrión del pollo, de las cicatrices y de 
los fibromas. 

Verosímilmente pertenecen también al condrioma las formaciones filamentosas vis- 
tas por Lówenthal, Smirnow, Flemming, Henneguy y Heidenhein (pseudocromosomas). 
En cambio, los granos y filamentos, dispuestos en grupo paranuclear, simulando apara- 










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Fig. 4. — Aspecto del condrioma en los pequeños condroblastos del cartílago cefálico de centrina mostrando exclusivamente 

granulaciones redondeadas 



tos reticulados que Arnold observara en la célula viva con el método de Prudden, de- 
ben tener distinta significación. Tampoco pueden figurar en el condrioma los filamen- 
tos cromófilos anastomosados que Retterer, 1Q07, incluye entre las mitocondrias y con- 
driocontos de Benda y Meves, y que, como se sabe, son incapaces de formar re- 
tículos.» 

En los condroblastos de los selacios es preciso separar el condrioma de los cor- 
púsculos polimorfos, del de los elementos redondeados. Se impregnan dichas formacio- 
nes admirablemente con la primera variante de Achúcarro, destacando por su refringen- 
cia extraordinaria del resto protoplásmico. La talla de dichos granulos varía no sólo 
según las especies de condroblastos, sino también en el interior de cada célula; los ele- 
mentos más grandes tienden a emigrar de las proximidades del núcleo, haciéndose, con 
cierta frecuencia, periféricos. 



INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 



19 



En la figura 4, hemos representado aspectos diferentes del condrioma de los peque- 
ños corpúsculos redondeados del cartílago cefálico de centrina. En A están localiza- 
dos en la amplia zona de protoplasma, mientras que en el resto no parece existir nin- 
guno. El condroblasto B, en el cual el núcleo ocupa una posición central, hállanse los 
granulos mitocondriales, que son escasos, esparcidos por todo el protoplasma, con 
cierta uniformidad. C y D son dos condroblastos de núcleo voluminoso con granu- 
los cromáticos, suma- 
mente abundantes, ofre- 
ciendo un aspecto carac- 
terístico. 

En la figura 5, re- 
presentamos la disposi- 
ción del condrioma en los 
grandes corpúsculos po- 
limorfos, en los cuales 
cabe observar, bien mito- 
condrias, bien condrio- 
contos, con cierto pareci- 
do estos últimos a los des- 
critos por Del Río Hor- 
TEGA en su trabajo sobre 
la textura del cartílago de 
los cefalópodos. En los 
condroblastos A y C se 
han representado los con- 

driOCOntOS OUe aparecen ^'S- 5- — Modalidades de las mitocondrias en tres condroblastos de la zona polimorfa de 
1 , !• 1 centrina recién nacida. A, condroblasto de dos prolongaciones con núcleo arriñonado; 

en la zona mas amplia de „ ^ u, * <■ ^ «u , ,■ n a 1, , a r , m- 

r ti, condroblasto en forma de fibra muscular lisa; C, condroblasto de forma irregular, (rnme- 

prOtOplaSma, mientras ra variante del método de Achucarro.) 

que en el B, que tiene la 

forma de una fibra muscular lisa aparecen únicamente granulaciones redondeadas. 

Según Arnold las mitocondrias centrales se colorean más fácilmente, lo cual es 
debido, en sentir de este sabio, a una especie de maduración. Respecto al origen del 
condrioma, las múltiples preparaciones que hemos ejecutado en embriones y animales 
adultos, nos inclinan a creer, con la mayoría de los investigadores, que son elementos 
que se forman y desaparecen dentro del protoplasma, sin que jamás emigren del núcleo 
como sostienen Galeotti y Sjobring. 

Es muy probable, por otra parte, que tanto las mitocondrias como los condriocon- 
tos no estén aislados, sino unidos por una sustancia especial en complejos filamentosos 
que deben variar según el estado funcional de la célula, idea esta última que sostienen 
sobre todo aquellos investigadores que se han servido de coloraciones vitales. Estos 
complejos filamentosos deben variar según el estado funcional de la célula. 





20 



MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



Según Río-Hortega el aumento de longitud de los condroblastos no se verifica por 
alineación de corpúsculos dinr\inutos, sino que se debe al crecimiento, por uno o por los 
dos extremos de un solo condriosoma primitivo, de manera análoga a lo que ocurre en 
el tejido conjuntivo embrionario, donde los condriocontos, provistos también de boto- 
nes de crecimiento, adquieren desmesurada longitud al recorrer las prolongaciones pro- 
toplásmicas. 



B) El aparato endocelular de Golgi de los condroblastos 



Entre los múltiples organitos descritos en la célula por los histólogos, hay unos de 
superior rango orgánico que tienen cierta autonomía; pueden reaccionar a los estímulos 
exteriores de cierto modo, están dotados de poderes para asimilar y crecer, y en muchas 
ocasiones para reproducirse; en una palabra, tienen vida propia, siquiera subordinada al 
complejo orgánico celular. Dentro del grupo formado por dichos organitos, se incluye 
el llamado aparato endocelular de Golgi (trofospongio, aparato reticular, aparato inter- 
no, red interna; aparato de Golgi-Kopsch, intestino endocelular, aparato de Golgi- 
Holmgren, etc.), el cual, según Cajal, debe estimarse como «factor anatómico constante 
del protoplasma de todas las células vivas, así embrionarias como adultas, separándose 
perfectamente por sus propiedades químicas, forma y evolución, de las mitocondrias y 
demás organitos integrantes de la célula». 

Son muy numerosas las investigaciones llevadas a cabo en estos últimos años sobre 
el aparato reticular, sobre todo por las escuelas de Cajal, Holgren y Golgi, y si bien se 
ha avanzado bastante en el conocimiento de la morfología del mismo, no acontece otro 
tanto respecto a su fisiología, por cuanto puede decirse que apenas tenemos datos po- 
sitivos sobre el papel fisiológico encomendado a tan singular formación protoplásmica. 
Sabemos, no obstante, que durante la mitosis las trabéculas en que se disocia, sufren 
ciertos cambios dando lugar al fenómeno de la dictioquinesis (Perroncito, Deineka, Pana- 
nas), que la sustancia que le forma es muy ávida de las sales de plata y del ácido ós- 
mico, que en las glándulas de los animales sometidas a diversas sustancias tóxicas se 
destruye (Battestessa, Cajal), que en el embrión tiene ya una orientación determinada 
que se conserva en el adulto si las células no han sufrido emigraciones; que cuando la 
célula tiene que verificar un proceso de síntesis química pujante se hipertrofia (Cajal), 
y, finalmente, que en determinados procesos degenerativos y enfermedades se destru- 
ye. (Cajal, Tello, Fañanás, Verson, Río Hortega, Savagnoni). 

En sentir de Cajal, «en el estado actual de la ciencia, resulta aventurado el empe- 
ño de puntualizar la especie de actividad fisiológica encomendada al aparato de Gol- 
gi; parece en todo caso indudable, según han sugerido muchos autores, que dicha 
actividad atañe a la esfera nutritiva; quizás al orden de las transformaciones ener- 
géticas». 



INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 21 

El ánimo se siente arrastrado a congeturar que allí se elabora una materia cuyas 
propiedades químicas no son tan sólo indispensables a las actuaciones proporcionales 
de la célula, sino al proceso de asimilación y crecimiento protoplásmicos. 

No podemos entrar en detalles sobre la multitud de trabajos que hacen referencia 
al aparato de Golgi, únicamente nos referiremos a los histólogos que se han ocupado 
de dicho órgano en el tejido cartilaginoso, transcribiendo las siguientes ideas de nuestro 
maestro el Dr. Cajal (I). 

«El aparato reticular de la célula cartilaginosa — dice dicho sabio — ha sido seña- 
lado por Bergen en el cartílago traqueal del gato y por Pensa en el cartílago traqueal 
y osificante. Preséntanlo estos investigadores como una red de trabéculas granulosas 
y varicosas localizadas cerca del núcleo, al cual circundan parcialmente. 

Del aparato reticular de las células cartilaginosas hipertrofiadas, próximas a la línea 
de osificación, nos da noticias Pensa que ha debido teñirlo con el método de Golgi. 
Según dicho autor el citado aparato se hipertrofia al compás del incremento de activi- 
dad del corpúsculo vacuolado. Los cordones argentófilos se espesan, desprendiéndose 
por el protoplasma para rodear nuevamente al núcleo. 

Cerca del hueso le ha parecido sorprender elementos provistos de retículo altera- 
do; sus ccrdones, festoneados y acodados, podrían fragmentarse. No se atreve, sin 
embargo, a afirmar rotundamente la decadencia y destrucción del aparato de Golgi; 
porque cabría estimar dichas formas desviadas como efecto de imperfecta im.pregna- 
ción. Pensa ha teñido también las mitocondrias de estos condroblastos hipertrofia- 
dos y de acuerdo con Dubreil las presenta igualmente más gruesas y largas que de 
ordinario, participando así de la sobreactividad fisiológica de que es teatro el pro- 
toplasma. 

Nuestras observaciones confirman en lo esencial la descripción de Pensa; en nues- 
tros preparados, efectuados con el proceder del nitrato de plata reducido, resulta per- 
fectamente destacado el retículo, apareciendo facilísimo de estudiar. Nada de particu- 
lar nos ofrecen los cortes en la zona proliferante, salvo que, muy a menudo, el retículo 
es pequeño y reside en la región centrosomática del protoplasma, como ha defendido 
Bernetfi. 

Pero en cuanto se llega al cartílago seriado donde los conductos se aprietan 
y aplastan en sentido normal a la línea de osificación, adviértese que el citado aparato 
se enriquece en cordones, y se aparta, por lo común a un lado o extremo del cor- 
púsculo. Enfocando los elementos en vías de división, échase de ver que, acabada la 
parfición nuclear, los dictiosomas se sitúan ecuatorialmente para distribuirse después 
en los polos contrapuestos de cada célula hija». 

En nuestras preparaciones de Raya (fig. 6), distinguiremos, ante todo, dos clases 
de aparatos reticulares; unos, que se alojan en los pequeños condroblastos, constituí- 



(1) Consúltese la monogrrafía del Dr. Cajal titulada Algunas variaciones físiológicas y patológicas del aparato reticu- 
lar de Golgi, que es, sin duda, el mayor avance al conocimiento de dicho órg'ano celular. 



22 



MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



dos por una o dos trabéculas acopladas al núcleo; a esta categoría pertenecen los re- 
presentados en E, D y F. Los otros, que exhiben formas más complicadas, se alojan 
en los grandes condroblastos, están constituidos por varias trabéculas, que forman re- 




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Fig. 6. — Aparato reticular de Golgi de los condroblastos del cartílago cefálico de raya. A, pequeño retículo en torno del 
núcleo: B, retículo de delicadas mallas en dos condroblastos recién formados; C, aparato de Golgi, sumamente simplifi- 
cado, en torno de un núcleo fusiforme 



tículos sumamente elegantes y yacen, por lo común, a un lado del núcleo (A y B); no 
obstante, pueden sorprenderse algunos como el C, polarizados en ambos extremos de 
la masa nuclear. 



INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 



23 



Esqueleto filamentoso protoplásmico 






En las preparaciones ejecutadas con el método de Achúcarro, sorpréndese en 
ocasiones cierta singular formación protoplásmica que debe ser homologable a los es- 
queletos de la célula de Schwann, descritos 
por Cajal y nosotros en los tubos nerviosos. 
También presenta singular parecido con los 
formaciones estudiadas por Río Hortega en 
los condroblastos de los cefalópodos, y acaso 
no sea cosa distinta de la formación proto- 
plásmica descrita por Lówenthal el cual estu- 
dia (en la célula cartilaginosa) un aparato fila- 
mentoso que debe ser separado de los filamen 
tos protoplásmicos descritos por Flemming 
Según dicho autor, trátase de un pelotón de 
filamentos anastomosados, pudiendo existir a 
veces varios dentro de una misma célula. 

Del Río Hortega ha visto, con ayuda del 
método de Achúcarro, un haz o mechón de 
fibrillas ensortijadas, que yace en una zona 
más o menos extensa de protoplasma, vecina 
al núcleo^ por lo general, donde dibuja curio- 
sas figuras. Unas veces —dice dicho histó- 
logo — , se ve un delgado fascículo que se deshilacha en torno del núcleo; otras, una 
madeja con hilos muy abundantes y concéntricos que imitan un nido, y otras, haces más 
pequeños, que simulan anillos irregulares. Según el mismo histólogo, d¡cha formación 
debe interpretarse como resultado de la tendencia del espongioplasma a crecer y desen- 
volverse con cierta autonomía del resto celular. 

En nuestras preparaciones sorpréndese, según representamos en la figura 7, diver- 
sas clases de esta singular formación protoplásmica. En A, aparece un filamento único, 
doblado, dando lugar a una trabécula superficial y otra profunda, sin que en él pueda 
distinguirse señal ninguna de soldadura de otros filamentos; en cambio en B y C échase 
de ver su textura fibrillar, pues en los extremos se nota claramente la estriación del 
mismo. Dicho aparato, no parece tener nada que ver con el condrioma, ni tampoco 
con los filamentos de origen centriolar descritos por Del Río Hortega. 



Fig. 7. — Aparato filamentoso endoplásmico de tres condro- 
blastos de la zona polimorfa del cartílago cefálico de centri- 
na. (Método de Achúcarro.) 



24 MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



II. La sustancia fundamenfal del cartílago 

Según resulta de los memorables trabajos de Morner y Schmiedeberg la condrina 
no tiene una existencia real, como se admite corrientemente, sino que la sustancia fun- 
damental del cartílago está constituida por verdadera colágena, la cual no suministra 
gelatina por cocción sino cuando va asociada a otras substancias especiales. 

Schmiedeberg establece que son las combinaciones variadas de un ácido sulfo- 
conjugado (ácido condroico-sulfúrico) con albuminoides (el condromucoide de Morner), 
combinaciones incorporadas en esta materia fundamental, hasta tal punto, que pueden 
quitarse de ella por una especie de descondrificación; de igual modo que se suprimen las 
sales calcáreas del hueso por decalcificación. 

Según Hansen, estas sustancias condromucoides, embebiendo la colágena hialini- 
zan y enmascaran su estructura, que es francamente fibrillar. 

Nuestras observaciones sobre el cartílago hialino de los selacios, nos permiten es- 
tudiar las fibrillas conjuntivas, los canales permeables y las relaciones que guardan to- 
dos estos elementos entre sí y con los condroblastos. 

Aparte de las células conjuntivas o fibras que se hallan en el precartílago o cartíla- 
go, la materia fundamental elaborada por los condroblastos es perfectamente amorfa, 
siendo atributo de la misma su homogeneidad y su translucidez relativa; frente a los co- 
lores de anilina ofrece el carácter de una materia basófila. 

Según WoLTERS, en el cartílago adulto se pueden diferenciar dos clases de sustan- 
cias, con situación diferente: una de ellas está rodeando inmediatamente a las células o 
a los grupos isogénicos, presentándose bajo la forma de aureolas o de esferas, las cua- 
les tienen una existencia real, según Morner, ya que se las puede aislar por maceración 
en el ácido crómico; dichas esferas, Chondrinballen, están constituidas por condro- 
mucoide y ácido condroico. La otra sustancia está situada entre las fibrillas que corren 
entre los glóbulos, siendo el albumoide o materia interglobar, la que la constituye. 

En un cartílago embrionario, las trabéculas de albumoide deben aparecer al mis- 
mo tiempo que las fibrillas conjuntivas, las cuales son anteriores a los globos con- 
droicos. 

Nuestras observaciones con la primera variante del método de Achúcarro prueban 
que las fibrillas conjuntivas en el cartílago de los selacios, presentan un desarrollo ex- 
traordinario, según hemos representado en la figura 8 (lám. II). 

Surcan, en efecto, la materia fundamental del cartijago paquetes o fajas dispuestos 
de mil modos, sin que podamos afirmar si las fibrillas que los constituyen están sueltas 
o ligadas por una materia particular, como defienden ciertos autores. 

Dichos paquetes de fibras son longitudinales, transversales u oblicuos, siendo de 
una longitud extraordinaria; hay fajas de fibras que atraviesan de un borde a otro todo 
el cartílago del esqueleto cerebral de los selacios, según hemos representado en la figu- 



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INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 25 

ra mencionada. Existen fajas conjuntivas indivisas, mas otras se ramifican y dan lugar 
a otros paquetes de menor categoría, pudiéndose apreciar con cierta frecuencia espe- 
samientos o láminas triangulares, como E, formadas por el entrecruzamiento o con- 
fluencia de varias de dichas fibrillas. 

Es de especial interés el estudio de las relaciones que los haces mantienen con 
los condroblastos, a los cuales, en ocasiones, se aproximan rodeando a sus cápsulas o 
pasando tangentes a las mismas, como acontece en /) y F. También es digno de lla- 
mar la atención el hecho de que algunos paquetes, en su proximidad al borde del cartí- 
lago, es decir, en lá región próxima al pericondrio, se deshilachan, dando lugar a figu- 
ras en forma de abanico, sumamente caprichosas. 



Histogcnesis de las fibras 

Una de las cuestiones que más se discuten hoy por los biólogos es la de saber el 
origen de las fibrillas conjuntivas y colágenas, habiéndose hecho numerosas observa- 
ciones en los embriones de los vertebrados. Como nosotros ejecutamos preparaciones 
en embriones de selacios, nos parece oportuno dar alguna indicación tocante a este 
asunto, sin que, por otra parte, pretendamos resolver el arduo problema. 

Todas las opiniones que se han emitido sobre la histogénesis de las fibras, pueden 
agruparse del modo siguiente: 

A ) Las fibrillas provienen de células, las cuales experimentan una metamor- 

fosis complicada, alargándose primero en huso y descomponiéndose en 
fibrillas en sus extremidades (Schvirann, Robin, etc.). 

B) Las fibras nacen por una especie de desagregación fibrillar, longitudinal, 

de una sustancia homogénea intercelular preexistente (Henle, Reichert, 

Rollet). 

Según V. Ebner, que ha realizado sus estudios en los ciclostomos y en los 

ganoideos, las fibras pueden crecer y multiplicarse sin el concurso de ninguna célula. 

Hansen admite que, durante corto tiempo, lo mismo el ectoplasma que el endo- 

plasma, pueden contribuir a la formación de fibrillas; lo que ocurre es que el endoplas- 

ma pierde muy pronto esta propiedad, por rodearse de una cápsula y aislarse, entanto 

el ectoplasma se transforma todo él en fibrillas. 

Studnicka atribuye la formación de las fibras al protoplasma celular, bien directa- 
mente, bien por intermedio de un exoplasma. En todos los exoplasmas, lo mismo que 
ellos sean delgados o espesos, pueden desarrollarse fibrillas. 

Kervily, que investigó el origen de las fibras elásticas en el cartílago del aparato 
respiratorio, sirviéndose del método de Cajal, admite, con Hertv^ig, que los condroblas- 
tos pueden dar lugar en ciertos casos a las fibrillas de la materia fundamental. Siguien- 



26 



MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



do una fibra — dice dicho autor — se puede ver que ella está en contacto con varios 

condroblastos y alg^unas veces las fibras se forman en el límite de separación de dos 

condroblastos vecinos. 

Las investigaciones realizadas por nosotros han recaído sobre diversos embriones 

de raya, habiendo empleado para perseguir la diferenciación fibrillar la primera varian- 
te del método de Achú- 
carro, que suministra 
imágenes irreprocha- 
bles de la génesis y evo- 
lución ulterior de dichas 
fibrillas. De estas pre- 
paraciones hemos obte- 
nido los dibujos de las 
figuras 8 y 9, que ilus- 
tran esta parte de nues- 
tro trabajo. 

Parécenos que di- 
chas fibras — al menos 
en los selacios — pueden 
originarse de dos mane- 
ras distintas: una, por 
crecimiento y acopla- 
miento de ciertos gra- 
nos que yacen entre los 
condroblastos, y otra, 

Fig. 9. — Histogénesis de las fibras elásticas en el cartílago vertebral de raya. A, B, C y D, as- pOr metamOnOSlS COm- 

pecto de las fibras originadas, tangentes a los condroblastos; el contorno protoplásmico no nliradas de laS célulaS 
ha sido representado por aparacer esfumado y ser difícil de delimitar. (Impregnación con el 

método de Achúcarro.) COnjUntlVaS. 

En la figura 9 re- 
presentamos el aspecto que ofrecen estas fibrillas en el embrión de raya; unas de ellas 
están aisladas, mientras que otras se entrecruzan de modos diversos, como las B y C; 
a veces se acoplan por los extremos, como ocurre en A. 

Es muy difícil pronunciarse sobre el origen de tales fibrillas, pero lo más probable 
parece suponerlas originadas por granulos vivos segregados por los condroblastos, los 
cuales serían capaces de crecer, multiplicarse y evolucionar, dando lugar a las respec- 
tivas fibrillas. 

En la figura 10 representamos otro aspecto del proceso de diferenciación de las 
fibrillas del cartílago; en ella pueden observarse ciertas «áreas de influencia» o zonas de 
crecimiento, es decir, territorios en donde dichas fibrillas se desarrollan de preferencia. 

En C hay un conjunto de fibras anastomosadas, de las cuales unas son rectas y 
otras curvadas, existiendo no pocas en forma de tirabuzón. Es digno de llamarla aten- 




INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 



27 



ción el hecho de que en algunos sitios, como en A, las fibrillas se disponen tangentes a 
los condroblastos. 

En la centrina recién nacida hemos sorprendido el proceso de diferenciación de las 
fibrillas a expensas de las células conjuntivas (cartílago vertebral) que experimentan cu- 
riosas metamorfosis, según hemos representado en la figura 11. El protoplasma de di- 
chas células se deshila- 
cha, dando lugar a fibri- 
llas que emigran hacia 
los condroblastos veci- 
nos, a los que frecuen- 
temente rodean y en- 
vuelven, cual si ejercie- 
sen una acción químio- 
táctica sobre las susodi- 
chas fibras, las cuales se 
orientan más perpendi- 
cularmente al eje ma- 
yor de la célula conjun- 
tiva, que durante dicho 
proceso se estira de un 
modo extraordinario. 
Otras fibras que crecen 
en sentido perpendicular 
a las anteriores, al cabo 
de cierto tiempo se aco- 
plan a las primeras o se Fig. lo. — Histogénesis de las fibrinas elásticas en un embrión de raya. A, grupo de fibras 
bifurcan dando lu^ar a anastomosadas rodeando un condroblasto; B y E, fibrilla de contorno espiral; C, grupo de fibri- 

■ lias que dan lugar a un enrejado entre los condroblastos vecinos; D, tres fibrillas entrelazadas, 

nuevas ramas, cuyo des- (Primera variante del método de Achúcarro.) 

tino será invadir la zona 

vecina de condroblastos, tal como acontece en A B y C. Es curiosa también la exis- 
tencia de fibrillas en tirabuzón, las cuales suelen anastomosarse de mil modos diferen- 
tes con las anteriores. 

Según Hansen, las sustancias condromucoides, embebiendo la colágena, hialinizan 
y enmascaran su estructura, que es francamente fibrillar; las fibrillas descritas por Tell- 
mans, Greswell-Baber, Van der Stricht, etc., no serían sino aspectos de la textura de 
la colágena . 




Nutrición del cartílago 



En el período embrionario, las células del precartílago están anastomosadas, cons- 
tituyendo un syncitium, conforme a la disposición general de los tejidos mesenquima- 



28 



MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



tosos. En esta fase, que Spuler denomina cartílago celular, es lógico pensar que la 
materia nutricia camine de unas células a otras, gracias a los puentes protoplásmicos 
de los que han de ser futuros condroblastos (Heitzmann). 

A dichas células llegan las sustancias nutritivas por los vasos que surcan el cartíla- 
go embrionario en direcciones diversas. 

Mas en el cartílago adulto, por desaparecer los vasos (al menos en gran parte) y 




Fig. 1 1 . — Transformación de las células ronjuntivas en fibras, y sus relaciones con los condroblastos. A la izquierda hemos representado una de dichas 
células con diversas fibrillas en torno de ella. En la derecha, otra célula conjuntiva en metamorfosis más avanzada: A, B y C, anastomosis de varias 

fibras; D y E fibras longitudinales en progresivo crecimiento. (Centrina.) 



las anastomosis de las prolongaciones protoplásmicas, no podemos explicarnos la nu- 
trición del mismo conforme a las ideas de Heitzmann, habiendo recurrido los investiga- 
dores a otras disposiciones estructurales para favorecer la irrigación de la materia car- 
tilaginosa. Quienes, como Zuckerkandl, admiten que dichas sustancias caminarían por 
medio de las fibras conjuntivas; quienes, como Budge y Arnold, hablan de canales pre- 
establecidos, a través de los cuales caminarían los susodichos líquidos, los cuales cana- 
les se pondrían en evidencia inyectando por los vasos sanguíneos azul de Prusia. 



INVESTIGACIONES SOBRE EL TEJIDO CARTILAGINOSO DE LOS SELACIOS 29 

Nuestras ideas respecto a esta cuest¡ór\, concuerdan en absoluto con las defendi- 
das por Budge y Arnold, ya que en el cartílago de los selacios se pone en evidencia, 
con relativa facilidad, un sistema de conductos que establecen la comunicación general 
entre las diferentes células cartilagíneas. 

Se pueden obtener de dichos canales imágenes positivas y negativas; mediante el 
método de Cajal, se impregnan los canales, depositándose el nitrato argéntico en su in- 
terior; con el proceder de Río-Hortega se logran imágenes negativas de dichos conduc- 
tos, según vio dicho histólogo en el cartílago de los cefalópodos, y hemos comprobado 
nosotros en el de los peces. 

Nuestras observaciones han recaído principalmente en la centrina recién nacida (en 
el cartílago craneal), en donde aparecen según representamos en la figura 12 (lám. II), 
y en donde se sorprenden caminando de unos condroblastos a otros; dichos canales des- 
embocan en la cavidad del condroplasto o pasan tangentes al mismo, anastomosándose 
muy frecuentemente en su trayecto o en su terminación. Pero lo que más llama la aten- 
ción es su curso casi rectilíneo y su disposición, sensiblemente paralela, según puede 
notarse en la figura de que hablamos. Algunos de dichos canales pasan tangentes a la 
pared del condroblasto, no siendo raro en ocasiones hallar alguno que le rodee en v. 

En términos generales, la disposición de dichos canales está supeditada a la forma 
de las células cartilaginosas: en aquéllas redondeadas,. como Oy //, suelen abocar ra- 
dialmente, mientras que en los condroblastos fusiformes u ovoideos no es raro sorpren- 
der su terminación en los extremos afilados del condroplasto, es decir, según el eje ma- 
yor de la célula. 

Aunque los citados canales no llegan a la célula cartilaginosa, ésta se encuentra 
bañada por el líquido nutricio, recordando completamente el medio ambiente que tienen 
dichas células en el cartílago más primitivo que conocemos, el que exhiben los tentácu- 
los de la Tubularia indivisa, celentéreo del mayor interés, por poseer en sus tentáculos 
ciertos condroblastos estrellados de origen endodérmico, bañados por el líquido nutri- 
cio general. 

En los selacios en torno de los vasos aparecen los canales plasmáticos en una épo- 
ca relativamente temprana. En los embriones de raya los hemos sorprendido, según 
representamos en el dibujo adjunto (fig. 13), distribuidos radialmente, y a veces muy 
apretados, según direcciones determinadas, los unos a los otros. Esta disposición, in- 
dudablemente, no tiene otra finalidad que la conducción de los jugos nutricios, conduc- 
ción que será mantenida por la diferencia de presión osmótica de los condroblastos. 

En la misma figura puede verse la notable disposición que adoptan los condroblas- 
tos marginales A situados en el borde mismo del vaso. 

Reinan algunas discrepancias entre los histólogos sobre la significación de estos 
canales, no faltando algunos (Hansen, Retterer) que niegan su existencia. Sin embargo, 
después de las descripciones de Budge y Arnold, que han inyectado dichos canales con 
azul de Prusia; de los estudios de dichas vías llevados a cabo por Cajal, Spronck, Bub- 
noff y Spina con métodos de tinción diferentes; de las precisas imágenes obtenidas por 



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MANUEL SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ 



Del Río-Hortega con ayuda de su propio método, es imposible sostener dicha tesis, con- 
viniendo nosotros, de acuerdo con nuestro maestro Cajal, en estimarlas como vías plas- 
máticas o cordones porosos, a través de los cuales se verifica el acarreo de las sustan- 
cias destinadas a ser asimiladas por los condroblastos. 

Según Río-Hortega, dichos canales carecen de paredes propias, por estar labrados 




Fig. 13. — Vías plasmáticas o canales permeables en torno de un vaso, impregnados con el 
método del formol-urano de Cajal. A, terminación de los canales en los condroblastos perifé- 
ricos; B, C y D, condroblastos en los que se reúnen varios conductos permeafcles. (Cartílago 

cefálico de un embrión de raya.) 



en los estrechos y virtuales espacios que separan a los haces de fibras condrígenas, 
constituyentes únicos de la materia fundamental. A su carácter de verdaderas hendidu- 
ras — dice dicho' histólogo — más que de conductos o de fibras, se debe que en las sec- 
ciones transversales sean invisibles sus cabos. 



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